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Between paper [Priv. Ruffus]

Mensaje por Sōsuke Aizen el Sáb Ago 29, 2015 9:05 pm

Un nuevo día en la empresa.

El sol brillaba con intensidad, iluminando el edificio principal, reflejando en algunas ocasiones la luz de tal forma, que acaparaba completamente la atención de cualquier transeúnte. Aquella gloriosa estructura que pertenecía a la compañía Shinra, no era para menos. En toda su extensión, no dejaba de perder su magnificencia desde el primer día en que sus ojos recorrieron su contorno, y el interior aún no dejaba de impresionarle.

Poco había sido el tiempo en el que había logrado obtener el puesto de subdirector de Shinra. Había escalado en el organigrama de la empresa de una forma excepcional. El esfuerzo fue notorio, y aquella falsa personalidad tan amigable había ayudado mucho a la decisión del Director, apoyada por todos los antiguos superiores de Aizen, así, como también los subordinados que obtuvo en los distintos departamentos que logró dirigir directa e indirectamente. Hasta el día de hoy, inclusive, permanecía aquél cariño que le daba gran valor en la empresa para cada empleado, respetado, incluso por aquellos con los que ni siquiera había tenido la posibilidad de compartir en el campo.

El tiempo libre como subdirector abundaba; ya no tenía más que realizar tareas tediosas, y las que le eran encargadas las realizaba con eficiencia y eficacia. El papeleo era una de las cosas que menos disfrutaba hacer, pero, cada tanto, se internaba en aquél lugar que había visto las mayores horas de fingida desesperación del Dios de la Muerte. Los tiempos libres mencionados, igualmente, se dedicaba a compartir con sus antiguos compañeros y recorrer el edificio, admirando y estudiando aquellos lugares a los cuales no había tenido acceso previo a su ascenso, y de igual forma a los que ya había visitado varias veces.

Eran maravillosas las experiencias visuales que se podían grabar en la memoria al visitar los lugares menos inaccesibles de Shinra. Realmente gozaba de adquirir nuevos conocimientos, y el lugar que hoy visitaba no era ni más ni menos que la máxima expresión de sabiduría a nivel universal: la biblioteca de la empresa.

Allí se encontraba un material invaluable, tanto en zonas restringidas como públicas, donde inclusive el mismo personal tenía ciertas limitaciones. Por suerte, aquél alto cargo significaba el libre acceso a todos aquellos libros, pergaminos, papiros dispersos, carpetas, y todo material que pudiera brindarle algún tipo de información estaban para libre consulta.

Recorrió los pasillos desde su despacho con lentitud. Sonriendo y saludando a todas las personas que se encontraran frente a él o a sus costados, de forma amigable. La respuesta de los empleados era igual, por fortuna. Aparentaba disfrutar de tener contacto con ellos, acompañándolo a lo largo de los pasillos hasta su área de trabajo, con una mano en su hombro, incluso si se tenía que desviar de su propio camino alguna vez, manteniendo un corto pero entretenido diálogo, y a veces, dando una pequeña mano en alguna superflua tarea. El recorrido siempre era varias veces interrumpido, y los teóricos diez minutos que le tomaba llegar a aquél lugar, se aumentaban tres veces.

La entrada no estaba resguardada, o no como uno se lo imaginaría acorde a la seguridad que tiene Shinra, aunque las apariencias podían engañar. Aquella dulce muchacha de cabellos dorados, a pesar de actuar como bibliotecaria, seguramente fue adiestrada para mantener el orden en aquél lugar, y poder hacer frente con facilidad a cualquier intruso. Compartió un par de palabras con ella, y obtuvo las llaves a aquella área de restricción menor, prometiéndole mejorar la iluminación del lugar por la noche, ya que impedía la buena lectura.

A paso lento, llegó a abrazar con suavidad el picaporte de la puerta, acompañado de un giro de muñecas quitándole el cerrojo a la puerta de madera al final del pasillo C-7. Aquella zona contenía algunos archivos de experimentos fallidos, los más superficiales, pero que aún así se deseaba no vieran luz, y si lo hicieran, pues no serían causarían mucha controversia.

Aquella habitación era reducida, formando un cuadrado con sus pasillos, con una habitación central con un escritorio. Pasillos bien iluminados con tubos luminiscentes, colgados por gruesos alambres trenzados, dispuestos de una forma que permitía una perfecta lectura con una maravillosa intensidad lumínica. Cerró la puerta, y dejó las llaves sobre la primera mesa, repleta de papeles desordenados, y se acercó al primer archivo cercano.

Comencemos con la A...
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Sōsuke Aizen

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